Boeing tiene planes de desinvertir su subsidiaria de vehículos aéreos no tripulados, Insitu, como parte de su estrategia para optimizar operaciones y centrarse en sus sectores comerciales y de defensa. Esta potencial venta, valorada en aproximadamente 500 millones de dólares (alrededor de 465 millones de euros), ha despertado el interés de firmas de capital privado y compradores corporativos, lo que representa un momento significativo tanto para Boeing como para la industria de drones tácticos.
Insitu se fundó en 1994 y tiene su sede en Bingen, Washington. A lo largo de los años, ha establecido una sólida presencia en el mercado de sistemas de aeronaves no tripuladas (UAS), desarrollando modelos innovadores como el ScanEagle y el RQ-21A Blackjack. Boeing adquirió Insitu en 2008 por 400 millones de dólares para aprovechar la creciente demanda de UAVs pequeños y de larga duración, integrando así la tecnología en su segmento de defensa. Con más de 20 horas de autonomía y un sistema de lanzamiento mediante catapulta, el ScanEagle se ha convertido en un activo vital para el ejército estadounidense y sus aliados, incluido Ucrania.
Boeing y los desafíos de Insitu
En febrero de 2025, Insitu obtuvo un contrato valorado en 102,3 millones de dólares (95 millones de euros) con el Departamento de Defensa de EE. UU. para suministrar más sistemas Blackjack y ScanEagle. Este contrato resalta las avanzadas capacidades de reconocimiento y versatilidad operativa que ofrecen estos drones. Hasta 2022, las UAVs de Insitu habían registrado más de 1,3 millones de horas de vuelo, demostrando su efectividad en diversas misiones.
No obstante, Insitu ha enfrentado retos considerables, como un acuerdo de 25 millones de dólares (23 millones de euros) alcanzado en 2021 debido a acusaciones de sobrecargar al ejército mediante el uso de piezas recicladas. Este trasfondo complica la decisión de Boeing de vender la subsidiaria, mientras la compañía busca reorientar su estrategia y abordar controversias anteriores.